El lunes de la primera semana de Cuaresma

El lunes de la primera semana de Cuaresma

Hoy la Iglesia Ortodoxa comienza  la Gran Cuaresma. La Cuaresma comienza el lunes. En la Iglesia Ortodoxa, la Semana Santa comienza con el sábado de Lázaro, por lo que la Cuaresma finaliza el día anterior, un viernes. Así dan los cuarenta días.

El nombre de este día “Lunes Limpio» sirve como un recordatorio de que el propósito de la Gran Cuaresma es limpiarnos de las manchas del pecado para que podamos disfrutar de la gloria de la Resurrección.

Para sentirse limpio, uno debe darse cuenta de que está sucio.  A medida que pasa el tiempo, nuestras almas se ensucian. Parte de la suciedad en nuestras almas está ahí por nuestra elección de pecar. Elegimos mentir, hacer trampa, robar, jurar, chismear, codiciar, etc. y estas cosas ensucian el alma. Y parte de la suciedad en nuestras almas no está allí voluntariamente. Cuantas veces pecamos y ni siquiera sabemos que hemos pecado. O ayudamos a alguien y accidentalmente lastimamos a alguien. Todas estas cosas ensucian nuestras almas también. Si nos quedáramos en casa y no hiciéramos nada todos los días, nuestras almas se mancharían con el pecado de la holgazanería.

Entonces, hay una necesidad de limpieza, pero para que haya una verdadera limpieza, tiene que haber un reconocimiento de que nuestras almas están sucias y necesitan limpieza. También debe haber un deseo real de sentirse limpio y mantenerse limpio.

El tema de la Cuaresma se resume realmente en la Parábola del Hijo Pródigo. Este hijo, después de haber abandonado a su padre, y haberse dedicado a pecar, tiene un momento en el que se recupera y reconoce que necesita regresar. El padre no fuerza un regreso. Pero cuando el hijo llega a casa, el padre lo abraza, perdona y celebra con él. Este es el viaje de la Gran Cuaresma. El Padre, nuestro Señor, espera que regresemos. Él está listo para perdonar, abrazar  y celebrar. El viaje de la Cuaresma es el viaje de regreso al Padre. Conocemos el final de la historia: el Padre nos espera con alegría. El desafío es, ¿estamos listos para hacer el viaje de regreso, con humildad y arrepentimiento?

El lunes limpio es el comienzo del viaje de Cuaresma. Es el recordatorio de nuestro propósito, pedirle a Dios que cree en nosotros corazones limpios y espíritus renovados, que nos renueve y que nos guíe a través de la Cuaresma y durante toda la vida.

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Oración de San Efrem el Sirio

Oración de San Efrem el Sirio

Oh, Señor y Soberano de mi vida: líbrame del espíritu de pereza, de decaimiento, de vanagloria y de habladuría.

Y concédeme a mí tu siervo pecador, el espíritu de integridad, de humildad, de paciencia y de amor.

Oh, Señor y Rey, concédeme conocer mis faltas y no juzgar a mi hermano, porque Tú eres bendito por los siglos de los siglos. Amén.

Oración a San Nicolás

Oración a San Nicolás

¡Oh, glorioso San Nicolás! Excelentísimo servidor del Señor, cálido protector nuestro y siempre rápida ayuda en las penas. Ayúdame a mí, pecador desalentado, en la vida presente e implora al Señor Dios que me otorgue el perdón de todos los pecados que he cometido desde mi juventud, durante toda mi vida, en hechos, palabras, pensamientos y con todos mis sentidos, y cuando parta mi alma ayúdame a mí, que soy miserable, implora al Señor Dios, Creador de todo, que me libere de todas las penurias y del tormento eterno, a fin de que siempre glorifique al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, por tu intercesión misericordiosa, ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Santa Equiapostólica Nina Cristianizadora de los Georgianos

Santa Equiapostólica Nina Cristianizadora de los Georgianos
(27 de enero calendario común; 14 de enero calendario juliano)

Santa Nina (Nunia, Nino) era la sobrina del Patriarca de Jerusalén. Desde su juventud ella amó al Dios y lamentaba mucho por la gente la que no creían en Él. Después que su padre Zavulon (de Capadocia) se hizo ermitaño y la madre fue ordenada diaconisa, Santa Nina fue entregada para su crianza a una piadosa anciana, quien muchas veces le contaba a Nina sobre Iberia (actualmente Georgia), en aquellos tiempos un país pagano y estos cuentos han despertado en ella un fuerte deseo de visitar este país y cristianizar a su gente con la luz del Evangelio.

Estos deseos volvieron a ser más fuertes todavía cuando en un sueño ella vio a La Madre de Dios entregándole a ella la cruz hecha de la cepa. Su deseo se había cumplido cuando ella tuvo que escapar a Iberia para salvarse de la persecución que empezó el emperador Diocletiano (años 284-305).

En Iberia, Santa Nina se instaló en la casa de una mujer ubicada en viñas reales. Muy pronto se hizo famosa en los alrededores porque ayudaba a los necesitados. Mucha gente se iba enterando sobre la fuerza de su oración. Entonces mucha gente enferma comenzó a venir a verla. Invocando el nombre de Cristo, ella curaba a la gente. Les contaba sobre El Dios que creó el cielo y la tierra y sobre El Cristo Salvador.

Sermones sobre el Cristo, los milagros de Santa Nina, su virtuosa vida tuvieron un efecto favorable sobre el pueblo de Iberia y muchos de ellos comenzaron a creer en El Dios Verdadero y fueron bautizados. El mismo rey Mariano (Meroy), que antes era pagano, fue convertido por Santa Nina en cristiano. Entonces fueron invitados un obispo y los sacerdotes de Constantinopla y en Iberia se construyó la primer iglesia dedicada a los Santos Apóstoles.

Poco a poco toda Iberia se convirtió en cristiana.

A Santa Nina no le gustaban ni fama ni honores y por eso ella se escondió en una montaña. Allí, en soledad le daba las gracias al Señor por la conversión al cristianismo de un país pagano. Varios años después ella abandona su aislamiento y llega a Kajetia donde convirtió en la fe cristiana a la reina Sofía. Después de 35 años de su labor, Santa Nina fallece en paz el 14 de enero del año 335. Por la orden del rey Mariano, en el lugar de su muerte fue construida una iglesia en el nombre del santo mega mártir Jorge, el pariente lejano de Santa Nina.

Con la memoria de Santa Nina está relacionado el descubrimiento de la túnica de Cristo. Durante la Crucifixión del Salvador esta túnica fue ganada, durante el sorteo, por un guerrero romano y posteriormente, después de diferentes acontecimientos, llegó a Georgia. Por una Divina revelación Santa Nina encontró esta túnica enterrada debajo de un cedro.

San Antonio, el grande. Padre de los monjes. 

San Antonio, el grande. Padre de los monjes. 
(30 de enero calendario común; 17 de enero calendario juliano)

A finales del siglo tercero comenzamos a saber de hombres que abandonaron las ciudades para vivir una vida de oración y soledad. El mejor conocido entre ellos es al que se le llama el fundador del monaquismo: San Antonio el Grande (252-356). Su contemporáneo, san Atanasio, nos cuenta su historia.

Un día, cuando Antonio tenía 18 años, entró a la iglesia de su pueblo para asistir al oficio. De repente escuchó las palabras del Evangelio: “si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás un tesoro en el cielo; luego ven y sígueme” (Mt.19:21). Había escuchado estas mismas palabras muchas veces antes , pero esta vez le pareció como si Cristo le estuviera hablando directamente y que las palabras fueran un mensaje personal. La impresión que recibió fue tan fuerte que, sin vacilar ni un momento, Antonio inmediatamente entregó todos los bienes que heredó de sus padres para ser distribuidos a los pobres del pueblo. Le quedaba sólo un problema que le preocupaba. Antonio tenía una hermana menor. Las dos eran huérfanos, y él se sentía responsable por ella. Nuevamente un verso del Evangelio, que a menudo había oído en la iglesia, de repente le pareció responder a sus problemas personales. “Así, que no os afanéis por el día de mañana; porque el día de mañana traerá su afán” (Mt.6:34). Antonio encontró a una buena mujer cristiana en su pueblo quien se encargó del cuidado de su hermana. Ahora él podría dedicarse a su nueva vida.

Antonio se fue a vivir a Egipto, donde el inmenso desierto quemado por el sol, nunca estaba muy lejos de pueblos y ciudades. Primero se fue a vivir junto a un ermitaño, quien vivía a poca distancia de su pueblo. Luego, visitó a varios otros ermitaños antes de cruzar el río Nilo. Después vivió solo en las ruinas de un antiguo fuerte en el desierto.

¿Puedes imaginar todas las tentaciones y luchas espirituales que hay en la vida de un ermitaño? Años más tarde, Antonio recordó sus primeros días en el desierto. Aseguró que la dificultades físicas de hambre, sed, calor y frío, eran mucho más fáciles de soportar que la soledad, la depresión y todos los pensamientos y deseos perturbantes que le afligían. A veces se sentía como si no tuviera la fuerza para seguir, pero visiones le inspiraban en su necesidad y le dieron valentía.

“¿Dónde estabas, Señor Jesús? ¿por qué no viniste a ayudarme antes?” exclamó Antonio un día después de una de aquellas visiones reconfortantes. “Yo estaba -escuchó en respuesta- yo estaba aquí esperando ver tu esfuerzo.” En otra ocasión, en medio de una terrible lucha con sus pensamientos, Antonio dirigió a Dios una oración: “quiero salvar mi alma, oh Señor, pero mis pensamientos no me lo permiten.” De pronto vio a alguien, parecido a él, sentado y trabajando en algo con sus manos; luego se levantó para rezar, y entonces volvió de nuevo a su trabajo. “Haz tú lo mismo y tendrás éxito”, le dijo el ángel a Antonio. Aquel mismo día, Antonio dedicó parte de él al trabajo manual.

Otras personas descubrieron donde estaba y fueron a vivir cerca de él. Lo encontraron sereno, tranquilo y amigable. Se habían terminado los años de lucha, y ya no se veía rastro de dificultad ni de cansancio, aunque Antonio seguía su vida de oración y ayuno.

Cientos de ermitaños fueron al desierto a vivir cerca de Antonio, y él les aconsejó e instruyó. No organizó una comunidad; tampoco dio a los ermitaños ninguna regla común de vida. Más tarde dejó ese poblado para vivir en otra parte del desierto, más lejana. Nuevamente otros ermitaños llegaron a su lado. Así Antonio rompió el silencio del desierto con las alabanzas de cientos de monjes. Alcanzó la edad de 106 años, y falleció en el año 365 d.C.

Sus intercesiones sean con nosotros. Amén.

La Dormición de la Santísima Virgen María

La Dormición de la Santísima Virgen María

 

Este es una de las 12 fiestas de la Iglesia. Se celebra desde el siglo IV el 15 (28) de agosto.

Antes de la fiesta de la Asunción, los cristianos ayunan desde el 1 al 15 de agosto, de acuerdo con el estilo litúrgico antiguo, por consiguiente, del 14 de agosto al 28 de agosto, de acuerdo con el nuevo estilo. En la Fiesta de la Dormición de la Virgen, la Santa Iglesia recuerda el justo final de la Madre de Dios, evento marcado por la tristeza del fin de la vida  de la Virgen y la alegría de la unión de María con su Hijo.

Sobre la vida terrenal del Santísima Madre de Dios, después de la muerte en Cruz y la Resurrección del Salvador, lo sabemos por la Santa Tradición. Hasta la persecución que Herodes erigió contra la Iglesia, la Virgen estuvo en Jerusalén, luego se trasladó con el Apóstol Juan a Éfeso. Viviendo aquí, visitó al justo Lázaro en Chipre y estuvo también en el monte Athos, que bendijo como a su propia casa.

Poco antes de su muerte, la Virgen volvió a Jerusalén. Allí visitaba constantemente aquellos lugares que estaban relacionados con la vida de su Divino Hijo: Belén, el Gólgota, el Santo Sepulcro, Getsemaní. Allí rezaba asiduamente. Según la Tradición, los judíos intentaron quitarle la vida, para lo cual, por mandato de los sumos sacerdotes, fueron enviados guardias al Santo Sepulcro; pero en cierto  momento, a los soldados les fue privada  la vista y no pudieron ver a la Madre de Dios.

Una vez durante la oración en el Monte de los Olivos, el Arcángel Gabriel anunció a la Virgen su fin terrenal y  le entregó una luminosa rama — símbolo de la victoria sobre la muerte y la corrupción. María contó lo que le sucedió al apóstol Juan, éste al apóstol Santiago, hermano del Señor, y a través de él a toda la Iglesia de Jerusalén, en la cual se conservó la tradición de la Dormición de la Madre de Dios.

Antes de su fallecimiento, la Madre de Dios  legó su escasa propiedad a las viudas que la asistían y ordenó que la  enterraran en Getsemaní, cerca de las tumbas de sus santos padres y de San José, su esposo.

En el día de la Dormición de la  Virgen, de manera milagrosa, en Jerusalén se hallaban reunidos casi todos los apóstoles para despedirse, los cuales  en distintas partes de la tierra anunciaban la Palabra de Dios. Después de todos llegó el apóstol Pablo. Faltaba solamente el apóstol Tomás.

De repente se apareció una luz indecible, el techo del aposento se abrió, y bajó el mismo Cristo con una multitud de ángeles. La Madre de Dios se dirigía a Dios con una oración de agradecimiento y pedía la bendición para todos los que la veneraran. Rogaba también a su Hijo de protegerla de la fuerza oscura satánica. Luego la Madre de Dios, entregó con alegría, su alma a Dios, y se oyó enseguida el canto angélico. Al tocar  los enfermos su cuerpo, empezaban a recibir en seguida las curaciones.

Comenzó el traslado solemne del Santo Cuerpo de la Virgen de Jerusalén a Getsemaní. Pedro, Pablo y Santiago junto con otros apóstoles llevaron el cuerpo.

La procesión era seguida por judíos que no creían en Cristo. Los sumos sacerdotes mandaron a sus servidores para que interrumpieran la procesión, mataran a los apóstoles y quemaran el cuerpo de la Madre de Dios, pero los ángeles los sorprendieron dejándolos ciegos. Tres días los apóstoles estuvieron cerca del lecho de la Virgen, cantando salmos. En el aire se oía constantemente el canto angélico.

La Virgen se durmió en un dulce sueño después  de una vida llena de dolores y  se presentó a la Fuente de la Vida, como Madre de la Vida, librando con sus oraciones a todos sus hijos de la condena eterna.

Oración a la Santa y Vivificante Cruz del Señor

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Oración a la Santa y Vivificante Cruz del Señor

Oh,  Cruz del Señor, maravillosa por tu fuerza milagrosa: a tus pies como polvo, me postro ante Tí; honrado Madero, que echas de nosotros cualquier saeta demoníaca, y que nos liberas de toda desgracia, dolor,  y adversidad. Tú eres el árbol de la vida, tú eres la purificación del aire, la consagración del santo templo, la protección de mi hogar, la custodia de mi lecho, la iluminación de mi inteligencia,  de mi corazón y de todos mis sentidos. Tu santo signo me acompaña desde el día de mi nacimiento y me bendice desde el día de mi bautismo, está conmigo en todos los momentos de mi vida,  y me conducirá hasta el sepulcro. Con tu santa señal milagrosa, el Señor anunciará a todo el universo la hora de la resurrección de los muertos y el Juicio Final de Dios.

¡Oh, Cruz venerada! Dirígeme, enséñame y bendíceme, a mí indigno,  creyente en tu fuerza vencedora. Protégeme de cualquier enemigo, cura mis enfermedades espirituales y corporales.

¡Señor Jesucristo, Hijo de Dios! Con la fuerza de  tu venerada y vivificante  Cruz, ten piedad de mí y sálvame. Amén.

El ícono de la Gloriosa Transfiguración de Nuestro Señor, Dios y Salvador Jesucristo

El ícono de la Gloriosa Transfiguración de Nuestro Señor, Dios y Salvador Jesucristo.

Dios es desconocido en su esencia. Pero Él se manifiesta con su gracia a través de una energía divina que infunde en el mundo. Dios emana luz en el mundo.

Como enseñaba San Gregorio Palamas (1296-1359), Jesucristo es la Luz, y su enseñanza es la iluminación de los hombres. Esta luz divina fue manifestada por Jesucristo a sus discípulos más próximos sobre el monte Tabor: “… Jesús toma consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan, y los llevó aparte, a un monte alto. Y se transfiguró delante de ellos: su rostro se puso brillante como el sol y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. En esto, se les aparecieron Moisés y Elías, que conversaban con Él” (Mt. 17,1-3).

La luz de la Trasfiguración sobre el Tabor no era ni sensual ni material, y los apóstoles iluminados por ella eran dignos de ver la “luz sobrenatural”.

Todo lo que está relacionado con Dios está penetrado por un esplendor divino y lleva a la luz. El mismo Dios en su inaccesibilidad e incomprensibilidad es una “oscuridad sumamente clara”.

¿Cómo mostrarlo, aunque podamos usar el lenguaje de los símbolos? ¿Cómo podemos representar este “esplendor blanco como la luz” en la escena de la Trasfiguración? Los pintores de los íconos han intentado hacer lo imposible. Si han tenido éxito, podemos juzgarlo por las imágenes de la “Trasfiguración” que han llegado hasta nosotros.

Las energías divinas han agitado la tierra, y más sutilmente se hacen evidentes los bordes de las colinas del icono, “…una nube luminosa los cubrió con su sombra y de la nube salía una voz que decía: Este es mi Hijo amado, en quien me complazco; escuchadle”. Y los apóstoles cayeron por tierra llenos de miedo, tapándose los ojos con las manos.

La figura de Cristo emana una luz increible, que lleva al mundo la gracia y la iluminación espiritual. Sus rayos están diseñados en el icono con pinceladas doradas, que se propagan radialmente desde su Fuente, Cristo.

Ícono de la Virgen «el Dios amoroso»

 

Iavlenie_ikoni_ande_bogolÍcono de la Virgen «el Dios amoroso»

Este ícono de la Madre de Dios,  es uno de los íconos más antiguos de Rusia, fue pintado en el siglo XII a petición del príncipe Andrés Bogoliubski, en memoria de una aparición que tuvo.

En el año 1155, el santo Príncipe Andrés, iba con un ícono de la Virgen cercano a la ciudad de Vladimir, a unas siete millas de distancia, pero el carro que llevaba el ícono se detuvo y no se pudo mover del lugar. Fue así, que el Príncipe pidió al sacerdote, que lo acompañaba, una oración ante el ícono.

Cierto día la Virgen se le apareció con un pequeño pergamino en su mano y ordenó al  Príncipe que el ícono  traído de Vishgorod debía permanecer en Vladimir, y que en el lugar de su milagrosa aparición se debía construir una iglesia y un monasterio.

En cumplimiento de la orden, el santo Príncipe Andrés construyó una iglesia en honor de la Natividad de la Santísima Virgen y también un monasterio. Después encargó  pintar a la Madre de Dios como la había visto en la visión, de pie con un pergamino en su mano derecha, y su rostro vuelto hacia el Salvador. Cuando la iglesia fue construída, el ícono fue colocado en ella, y una ciudad se formó alrededor del monasterio. El ícono fue llamado “Bogolub” por San Andrés, ya que esta palabra significa «la Madre de Dios ama este lugar”.

El ícono de la Madre  de Dios fue realizado innumerables milagros, y en el lapso de muchos siglos ha manifestado su ayuda a quien se acerca con fe y devoción. La fama de los milagros y signos causados por el ícono inspiró a los creyentes a hacer copias de la venerable imagen.